Se que hay bastantes post dedicados a este tema, pero no he querido dejar pasar la ocasión, y después de hablar de uno de los habituales fármacos empleados en enfermedades coronarias (la heparina), hablar del otro gran protagonista químico en estos tratamientos, la nitroglicerina.

La nitroglicerina es uno de los compuestos químicos que yo llamaría “divulgables”.  Tiene historia, tiene personajes y tiene una dualidad entre el bien y el mal que lo hacen tremendamente atractivo. Es evidente que el mal lo encontramos en la aplicación más conocida, como explosivo. En una reciente entrada del blog de Moléculas a reacción  se habla de esa cara oscura (o no tanto) de la molécula, una molécula extremadamente sensible y peligrosa. 

Molécula nitroglicerina

La nitroglicerina fue sintetizada por Ascanio Sobrero en 1846 y fueron publicados los resultados en 1847 (hay algunos textos que atribuyen este hecho al químico francés Antoine Jerome Balard). En ese mismo año dio una conferencia con demostración incluida; una pequeña explosión. Como muchas veces en aquella época de químicos intrépidos, uno de los análisis rutinarios era el organoléptico. La probó (hace falta tener valor para probar algo que sabes que es explosivo…) y le produjo un fuerte dolor de cabeza. Posteriormente fue Alfred Nobel quien empleo su poder explosivo, pero esa es otra historia... o no...

 
Ascanio Sobrero

Parece ser que quien primero intentó empelar la nitroglicerina como medicamento en 1849 fue Constantin Hering, pero con un uso homeopático, siguiendo el acientífico principio de “semejante cura a semejante”. Nombró a la nitroglicerina como glonoina, acrónimo nada menos de: gl(iceron) + o(xígeno) + n(nitrógeno) + o(xido) + ina. Como su ingesta provocaba tanto dolor de cabeza, pensó que “homeopáticamente” lograría quitar los dolores de cabeza. Y no le funciono…

Ya más científicamente en serio, Thomas Lauder Brunton había estado trabajando con una molécula llamada nitrito de amilo y en 1867 descubrió una interesante relación con la disminución de los síntomas de la angina de pecho. Y en 1876 reportó que la nitroglicerina tenía unos efectos similares al nitrito de amilo, con dolor de cabeza incluido, pero dudo en darlo a los pacientes… En estas, William Murrell fue quien empezó a utilizar la nitroglicerina en el tratamiento de la angina de pecho en 1878 y publicó sus resultados en la revista Lancet en 1879. Empezó probandola el propio William, de  forma sublingual, observando fuertes latidos de su corazón. Luego extrapoló los resultados con 35 personas que experimentaron sintomas y resultados similares. Antes de su empleo como fármaco y anticipándose a las lógicas preocupaciones por el ya sabido potencial explosivo de la sustancia, el químico británico Willian Martindale, explicó que en las dosis del medicamento, este era estable y “perfectly inexplosive- it cannot be detonated.”

También aparece en alguna referencia bibliográfica dos singularidades datadas sobre el año 1860 en las fábricas de explosivos de Alfred Nobel. En primer lugar, los lunes por la mañana los trabajadores de la fábrica a menudo se quejaban de dolores de cabeza que desaparecían durante los fines de semana. En segundo lugar, los trabajadores de las fábricas que sufrían de angina de pecho o de insuficiencia cardíaca, a menudo experimentaban alivio del dolor en el pecho durante la semana de trabajo, pero volvía los fines de semana. No he encontrado referencias exactas de esto, lo que sí parece cierto e irónico, es que al propio Alfred Nobel en 1890, los médicos le recomiendan nitroglicerina para su dolencia cardíaca. Escribió, en octubre de 1896, a tan solo 7 semanas de su muerte:

“. . . No es que la ironía del destino que me han recetado nitroglicerina para tomarla internamente! Lo llaman trinitrina, para no asustar a la farmacia y al público.”

En 1998, 150 años después del descubrimiento de la nitroglicerina, tres investigadores recibieron el premio Nobel (otro guiño del destino) por el demostrar las propiedades del óxido nítrico, verdadero responsable de la acción de la nitroglicerina como vasodilatador. Y en toda esta acción tiene mucho que ver un aminoácido azufrado llamado cisteína del que seguro hablaré más veces en este blog. Pero eso es otra historia.

Por cierto, os preguntaréis el porqué aparece la palabra vino en el título del post. Que mejor forma de relajarse después de esta sesión científico-histórica que tomarse una copa de buen vino. Pues cuando os la estéis tomando, mováis la copa haciendola girar como buen experto y veáis las lagrimas que deja el vino, sabed que es glicerol. El glicerol es otro nombre de la glicerina, que nitrandola nos da… nitroglicerina ;)

Un vinito para terminar al terminar de leer el post. Rioja, por supuesto...


Algunas referencias:

N. Marsh, A. Marsh Clin. Exp. Pharmacol. Physiol. 2000, 27, 313–319.

L. J. Ignarro Proc Natl Acad Sci USA 2002, 99, 7816–7817.

W. B. Fye Clin. Cardiol. 1995, 18, 426-427.

Esta entrada participa en el XXV Carnaval de Química, alojado en nuestro blog del ISQCH, “Moléculas a reacción