19 diciembre 2015

En este año que termina la Sección Territorial de La Rioja de la Real Sociedad Española de Química ha seguido realizando una serie de actividades enfocadas fundamentalmente a la difusión de la Química entre los más jóvenes. De entre las actividades destacan la sesiones de “Soy químico por un día”, dirigidas a estudiantes de 4º de ESO y el novedoso concurso Científico Literario sobre una novela de Rosa Montero. La sección con 66 socios y dirigida por Pedro Campos ha impulsado las siguientes actividades:

Colaboración con la organización de la Fase Local de la XXVIII Olimpiada de Química en La Rioja, 5 de marzo de 2015, con de 75 alumnos de 1º y 2º de bachillerato de 12 centros.



Organización de las Jornadas de Acercamiento a la Química para alumnos de 2º de bachillerato, junto con el Departamento de Química y la Facultad de Ciencias de la UR, 17 y 24 de abril de 2015. Asistieron 84 alumnos seleccionados de 16 centros docentes riojanos.



Co-organización de la actividad Soy Químico por un día, prácticas de química para alumnos de 4º de ESO. Se realizó en los meses de abril y mayo de 2015. Han participado 1129 alumnos de 32 centros docentes de toda La Rioja. Fue organizada y financiada junto con la Universidad de La Rioja y la Consejería de Educación del Gobierno de La Rioja.




Organización y patrocinio del Concurso de fotografías subidas a Twitter de las prácticas realizadas por los alumnos de 4º ESO en la actividad Soy Químico por un día.



Colaboración en el Concurso científico-literario basado en la obra de Rosa Montero “La ridícula idea de no volver a verte” sobre el diario de Marie Curie. El premio se entregó el 2 de mayo de 2015 con la presencia de Rosa Montero y la conferencia de Pascual Roman. 



Colaboración en la actividad “Campamento Urbano Superhéroes Científicos”, realizada en el mes de julio de 2015 y dirigida a niños que pasaban una semana de ciencia en la Universidad. La Sección Territorial financió una beca para facilitar el acceso al mismo de niños de familias con problemas económicos.



Financiación del Premio al Mejor Trabajo Fin de Grado (TFG) de Química, que por segunda vez se organizó en colaboración con la Facultad de Ciencias y que se entregó el 27 de noviembre de 2015. 




Además diferentes socios de la Sección han organizado seminarios y conferencias que han permitido traer a La Rioja a excelentes investigadores nacionales e internacionales.
Para el año que viene seguiremos colaborando, organizando e impulsando la mayor parte de las actividades que tanto éxito han tenido este año. Además la sección territorial colaborará con la primera edición en Logroño del Festival Pint of Science.

Esta entrada participa en la LIII edición del Carnaval de Química, alojada en el blog quimidicesnews de @quimidicesnews


Posted on sábado, diciembre 19, 2015 by Héctor Busto

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07 diciembre 2015

Al comienzo de la crisis era muy utilizada la frase “más con menos” con la que se pretendía resumir la voluntad de aprovechar al máximo los recursos, ser eficaces y obtener, incluso, mejores resultados. Esto en Ciencia no vale. La Ciencia en España agoniza como lo expone muy bien la campaña del colectivo Ciencia con futuro y se refleja en el vídeo siguiente.


La calidad en la Ciencia y la famosa “excelencia” hacia la que somos empujados (y todos desearíamos) necesita en primera instancia una formación de calidad dotando de becas predoctorales acordes a tal fin. Una carrera científica que consolide y estabilice, no solo a los excelentes investigadores, si no también a aquellos con una calidad contrastada. Y que esto no se haga cuando los investigadores tengan 40 años… Se necesitan Proyectos de Investigación con financiación suficiente para competir a nivel internacional. Dotar para 3 años con 200.000 euros a un grupo de investigación en el campo experimental y pedirle que compita a nivel internacional puede funcionar unos años, pero no toda la vida… Pero tal vez donde más claramente se refleja la necesidad de una inversión fuerte, consolidada y con futuro es en la adquisición de equipamiento científico. Parece obvia la relación siguiente: para obtener una investigación de excelencia es necesaria una instrumentación de excelencia. Pero esto cuesta dinero. Mucho dinero si se pretende estar a la cabeza de Europa. Así, por ejemplo el equipo de Resonancia Magnética Nuclear más sofisticado que existe tiene un precio estimado de unos 12 millones de euros. Ahora mismo impensable que algo así pueda estar en España sin el dinero de Europa (por cierto, también público). ¿Y sirve un equipo de 12 millones de euros para algo más que satisfacer la curiosidad de un puñado de científicos frikis? Sin entrar en el debate de la Ciencia básica y aplicada, es más que probable que todos deseemos unas técnicas diagnosticas de las enfermedades como el cáncer lo más rápidas y eficientes posibles. Para esto sirve esa inversión. Y para aumentar el conocimiento, la formación de científicos, el avance social, la creación de nuevas líneas de investigación… Así de simple.



No, en Ciencia no funciona el “más con menos”. Se necesita inversión, lo contrario deja un panorama claro: #laCienciaAgoniza.


Posted on lunes, diciembre 07, 2015 by Héctor Busto

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04 octubre 2015

El pasado curso se organizó desde la Facultad de Ciencias, Estudios Agroalimentarios e Informática de la Universidad de La Rioja el Primer concurso Científico Literario. La actividad dirigida a estudiantes de secundaria se basó en el libro de Rosa Montero sobre la vida de Marie Curie "La ridícula idea de no volver a verte". El concurso tuvo dos partes, una consistente en resolver cuestiones químicas y otra en escribir un relato basado en el libro y sobre todo en las fotos más famosas de congresos científicos como son los congresos Solvay. Al acto de entrega del premio acudió Rosa Montero y junto con su intervención tuvimos la del Catedrático de Química Pascual Román.


Con este post quiero difundir los tres relatos ganadores. Tuve la suerte de formar parte del jurado y poder leer los textos y comentarlos con el resto de los miembros. Una magnífica experiencia. Calidad y emoción. 

Os dejo el link a los PDFs de los tres ensayos con la introducción al ganador. Unas primeras líneas para que no os podáis resistir a descargar los relatos. Manuel Padín, Laura Fernández y Alicia Burgos son magníficos ejemplos de que Ciencia y Literatura no están reñidos (ni deben).

Ganadores con Rosa Montero, Pascual Román, Rector de la UR, patrocinadores y organización.



Autor: Manuel Padín Fernández 

LAS LUCES DE BRUSELAS 

Era 29 de noviembre de 1911, un día nublado y con una lluvia intermitente que no conseguía sumirme en esa generalizada melancolía. Intenté abrirme camino entre la enorme masa de personas y maletas, de lágrimas y emociones, que había en la estación aquel día. Había llegado la hora. Cogí mi vieja maleta, mi paraguas y mi inseparable sombrero negro. El tren para Bruselas estaba a punto de partir. Me despedí con un fuerte abrazo de mi querida mujer y con mil besos de mis hijos. Di un último adiós con la mano, y un mozo me ayudó a cargar mi equipaje. Yo ya no era aquel joven fuerte y enérgico que trabajaba en la industria química de producción de sosa día y noche… Subí al tren con prisa, casi cuando arrancaba. Tomé asiento al lado de una joven inmigrante de origen ruso que me estuvo, durante largo rato, interrogando con preguntas sobre mi vida personal. Por fortuna, se bajó a las dos horas y tuve tiempo para reflexionar acerca de la emocionante reunión de grandes mentes científicas, que se iban a congregar en los próximos días en Bruselas: la Conferencia Solvay. El tema principal era “Radiación y los Cuantos”, y durante esta Conferencia íbamos a debatir, exponer, dialogar y sobre todo aprender de los demás, de sus hipótesis y teorías. ¡Qué ganas de comenzar ya! Tras largo rato de comprobar la lista de ilustres invitados, estuve leyendo el horario estipulado por mi compañero, gran físico y amigo, Hendrik Lorentz, a quien había concedido el cargo de presidente de la Conferencia. Afuera seguía lloviendo, las gotas surcaban de arriba a abajo el cristal, podía ver mi barba blanca reflejada en él. Observando el gris páramo de inhabitadas regiones pasaba el tiempo. El cómodo asiento aterciopelado rojo me infundía un enorme sueño y, aunque me intentaba resistir, había sido un día de grandes cambios y emociones. Caí profundamente dormido. Me incorporé bruscamente con el desagradable sonido de un largo pitido, levanté poco a poco mis ancianos párpados; aún seguía recostado en el asiento. Miré a mi alrededor, ya no había nadie, el tren estaba vacío. Me puse a caminar rápidamente y cuando me disponía a salir, un fornido hombre con un poblado bigote negro me dijo: -Señor Solvay, espero que disfrute su estancia en París-. Se dio la vuelta y con el mismo paso alegre con el que había venido se marchó. No podía ser, tenía que estar equivocado, yo iba a Bruselas, no a París. Bajé del tren y pregunté a una señora que transitaba con ágil caminar por una calle. En efecto, estaba en París. Desilusionado y entristecido -acorde con aquel día apagado-, pude corroborar mi error. ¡Qué necio había sido al no revisar mi billete! Ahora resultaba imposible llegar a tiempo a la esperada conferencia. Todo esto no podía salir a la luz, por aquellos tiempos la prensa me condecoraba como a un filántropo, como al mecenas de la ciencia e incluso me habían apodado como “el Carnegie Belga”. Por todo esto y por mi prestigio como científico, este hecho no podía esclarecerse. ¿Qué pensarían de mí aquellos que leyeran que Ernest Solvay, promotor y productor de la Conferencia Solvay en la que se reunían decenas de brillantes mentes, había llegado un día tarde al no coger su tren correspondiente? 




Este post participa en el LI Carnaval de Química que organiza Scientia.





Posted on domingo, octubre 04, 2015 by Héctor Busto

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21 septiembre 2015

Como profesores e investigadores universitarios, formados y pagados con dinero público, es nuestro deber poner esa formación y conocimiento al servicio de la sociedad. Por ello, no alertar de lo que suponen las pseudociencias sería una dejadez de nuestras funciones. Hace un año publiqué una tribuna de opinión en el Diario La Rioja sobre el engaño de la homeopatía. El pasado sábado salió en prensa una tribuna más general sobre las pseudociencias y la necesidad de una adecuada formación científica. 

Gracias al Diario La Rioja por dar cabida a estos artículos y al servicio de comunicación de la Universidad de La Rioja por promover, aconsejar y facilitar el trabajo.

Os dejo el texto y la foto del artículo.






Pseudociencias y formación científica


Vivimos en un mundo tecnológico donde la ciencia juega un papel indispensable. El progreso de los últimos siglos se debe en gran parte a las mejoras que ha traído consigo el avance científico. La esperanza de vida en el mundo desarrollado se ha duplicado en poco más de cien años. No solo eso, en el tercer mundo, donde el acceso a los nuevos avances es indiscutiblemente más lento, también se ha observado un claro aumento en la esperanza de vida. Vivimos más y vivimos mejor, aunque es evidente que seguimos luchando por erradicar enfermedades que seguramente en unas decenas de años habrán desaparecido o serán crónicas.

Se podrían destacar tres hitos del progreso científico-tecnológico que han permitido salvar millones de vidas en Siglo XX. La potabilización del agua mediante cloración, que desde principios del Siglo pasado ha permitido la reducción de las enfermedades infecciosas trasmitidas por el agua. El descubrimiento y empleo de las vacunas que ha logrado erradicar enfermedades que en el pasado considerábamos plagas bíblicas. Y por último, el estudio y desarrollo de los antibióticos y el uso masivo de la penicilina que hicieron que muchas infecciones mortales pudieran ser curadas con la simple ingesta de estos compuestos.

La Ciencia en la que se fundamentan esos hitos requiere inversión y tiempo y siempre se ha buscado un camino más corto para poder avanzar, sobre todo en el terreno de la salud, a pasos agigantados. Sin embargo, no existe una varita mágica ya que el cuerpo humano es un complejo reactor químico y aquello que nos permite la vida, el oxígeno, es lo que nos va envejeciendo. Solo el concienzudo trabajo de investigación científica nos ayudará a seguir viviendo más y viviendo mejor. Y aquí por desgracia las pseudociencias tienen el campo abonado. Supongo que ya poca gente creerá en cartas astrales y que nuestro destino está escrito por la fecha de nacimiento y determinadas disposiciones planetarias. Sin embargo, estas y otras pseudociencias tienen cabida de forma habitual en el mundo que nos rodea y algunas sobre cuestiones tan sensibles como la salud.

Así, tanto para las enfermedades comunes y poco agresivas como los catarros y gripes, como para los cánceres terminales, podemos encontrar tratamientos cuya validez no está probada científicamente pero que sin embargo se publicitan y se venden alegremente. Así, las mal llamadas medicinas alternativas tienen terreno propicio para su expansión.

Y no nos equivoquemos, si la industria farmacéutica es un negocio, la medicina no basada en evidencia, también lo es, pero sin pasar controles y sin mostrar eficacia y en la mayoría de los casos engañando claramente. La homeopatía, las flores de Bach, el reiki, la fitoterapia, los chackras y cada vez más “preparados” que nos venden por televisión como la baba de caracol, productos antioxidantes, rejuvenecedores… Podemos encontrar promociones de consumos saludable tanto de agua destilada o de lo contrario, de agua con alta salinidad. Dietas milagrosas como la alcalina y la contraria, es decir la ácida. Tratamientos para prevenir el cáncer que consisten en oler limones, movimientos antivacunas… Vivimos desde hace años rodeados de ondas de radio y nadie elevada quejas a instituciones por ello. Sin embargo, si hay movimientos contrarios a la Wi-Fi cuando ambas radiaciones están entre las no ionizantes, las más bajas en energía dentro del espectro electromagnético. Tenemos partidos de diferente signo político propugnando ciudades o regiones libres de transgénicos, cuando nuestra vida, nuestra evolución se ha hecho posible gracias a azarosas mutaciones genéticas.

En mi opinión hay dos vías para atajar el avance de la pseudociencia. Por un lado sería necesaria una legislación que impida la promoción de productos o protocolos que puedan llegar a ser perjudiciales para la salud, por si solos, o por incentivar el abandono de la auténtica medicina. Por otro lado, sería crucial incidir en una correcta formación científica desde la Educación Primaria. Es fundamental que todos los niveles sociales, políticos incluidos, tengan una formación científica adecuada a nuestro siglo XXI. Para poder conseguirlo, la preparación de los futuros maestros que han de impartir esa formación es vital.

Como ejemplo de la escasa formación científica, un informe reciente de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología mostraba, entre otros datos, que más de un 50% de los españoles pensaban que los antibióticos son efectivos contra las enfermedades víricas como la gripe. No es solo cuestión de impartir más o menos horas de ciencias, es cuestión de replantearse que queremos que nuestra sociedad sepa de Ciencia. Tenemos que conseguir que los alumnos no vean las Matemáticas, la Física, la Química… como insalvables muros académicos sino como las herramientas que nos ayudaran a comprender el mundo y evitar que nos engañen. Sin abandonar el aspecto educativo, algo que está haciendo también mucho daño para esta formación científica es el dar cabida en espacios universitarios a las pseudociencias con títulos propios que abalan las bondades de procedimientos acientíficos y más propios de la Edad Media que del Siglo XXI.

Trabajo científico riguroso, sostenido en el tiempo y sin atajos y sobre una base de formación científica constante desde la Educación Primaria son y serán las claves del progreso.

Posted on lunes, septiembre 21, 2015 by Héctor Busto

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